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  Con un buscador de oro donde murió Sheffield
Una caminata con el minero chileno Ramón Riquelme, último buscador de oro del paraje Arroyo Las Minas, permitió llegar a la tumba del texano Martin Sheffield en El Bolsón. La reconstrucción de su vida y el momento de su muerte fueron posibles a partir del relato de sus hijos y el sepulturero Cándido Blanco. Nicasio Soria también aportó su conocimiento.


En Arroyo Las Minas, desolado paraje del intermitente afluente del río Chubut en sus nacientes –y en donde fue maestro rural el luego columnista del "Río Negro" Nicasio Soria-, Ramón Riquelme resultó el último buscador de oro. Una caminata con ese minero chileno–hace casi 30 años atrás- llevó al autor de estas notas hasta la tumba primitiva y lugar del campamento aurífero del texano fabulador. Un detalle puso en la pista de sus últimos momentos: otros dos norteamericanos asistieron al adiós definitivo de su Patagonia adoptiva. Reconstruir la vida sureña del norteamericano Martín Sheffield llevó a este cronista a sucesivos viajes por la extensa geografía por donde se desparramaron sus descendientes –desde la cordillera hasta Rawson y aún hasta Córdoba donde entrevistó al hijo Martín Segundo Sheffield- además de hurgar archivos y hemerotecas de ciudades y pueblos. Más complicado resultó desentrañar la muerte del norteamericano. La charla con el sepulturero Cándido Blanco frente a la tumba del texano en el cementerio de El Bolsón en el verano de principios de los años 70, no dejó dudas: los restos habían sido traídos por los familiares desde Arroyo Las Minas, un paraje rionegrino a 15 kilómetros –apenas una huella- de la ruta 40 en su tramo entre Ñorquincó y la chubutense localidad de El Maitén y una vez que esa ruta desciende desde la estancia que pobló Felix Antonio Sede y en El Portezuelo. El Dodo y la duda Un hijo –Dodo Sheffield, de El Bolsón- dijo por entonces que su padre había muerto el 14 de febrero de 1932 cuando él –Dodo- tenía 29 años. El aviso había bajado de Arroyo Las Minas por el capataz de los ingleses en días de Carnaval, un dato dudoso. Dodo dijo que un inglés del ferrocarril lo tenía allí habilitado con herramientas y mercadería para encontrar oro y "que al finado lo trajimos en 1953 o 54". La entrevista de este cronista a Juana Sheffield viuda de Pellegrini, que tenía 66 años, que vivía en la Cuesta del Ternero junto al camino –ruta provincial 6- que une El Maitén con la ruta nacional 258-, no sólo proporcionó datos claves sobre la supuesta aparición de un plesiosaurio (fue ella quien vio al "bicho grande" y se lo contó a su padre), sino que precisó que "tiempo antes de morir mi padre estuvo en El Bolsón para conseguir gente para llevar arriba" (a buscar oro). Asegura que quien lo encontró muerto fue un tal Pablo Zúñiga. Pero en General Roca, el periodista Nicasio Soria, que había sido maestro rural en Arroyo Las Minas sostenía que quien halló el cadáver, muy arriba del arroyo y lugar de la primitiva tumba de Sheffield, había sido Raúl J. Dumas, un andariego ex jefe de correos de Ñorquinco. Los datos eran diversos, pero no había dudas de que Sheffield había aceptado aquello de que "a la vejez viruela". Es que la crisis de fines de los años 20 mordía en la cordillera y a pesar de que el veterano cow-boy estaba algo viejo –con puntuda barba blanca-, decidió volver a las fuentes, es decir, a pepear oro. Esta vez trepó hacia las nacientes del río Chubut con un caballo tordillo y cuando buscando oro lo atrapó la muerte, habían pasado casi cuarenta años desde que el 28 de marzo de 1894 se presentó por primera vez a las autoridades del Chubut con petición formal y en papel romaní (con el timbrado de un peso y número 000135) ante el director del Departamento Nacional de Minas y Geología en Rawson, para que se le otorgara un permiso de cateo. Se presentaba como soltero, minero, mayor de edad y domicilio en la costa del río Tecka para que se le otorgara el permiso de cateo minero –aurífero y según un plano adjunto- en un arroyo tributario del río Lepá que a su vez es afluente del Chubut (sostenía que "el terreno es inculto, no medido, ni ocupado, ni cercado, ni cultivado"). El expediente sin alternativas significativas siguió hasta 1908, cuando el peticionante seguía sin presentarse y tampoco averiguaba en los desalentadores pasillos de la burocracia. Para colmo, se le reclamaba reposición de los sellos y hasta se lo citó con edictos. En ese estado, el expediente tuvo todavía una actuación administrativa, en 1957, casi 45 años después de la muerte del peticionante Sheffield. Tras la primera tumba ¿Cómo había que reconstruir la muerte? Siempre algún vestigio queda en el lugar del deceso. Si es así, con el dato obtenido luego se hurga en búsqueda de una huella documental. Un viejo CitrÃen sirvió para desandar la huella que lleva a Arroyo Las Minas, y la oportunidad había sido combinada con una cita de campamentos paralelos entre el ex maestro Soria –que viajó desde Roca- y quien esto escribe, que lo hizo desde Buenos Aires. Después hubo que ocuparse de dar con el último buscador Ramón Riquelme. Soria, nacido en Asunción del Paraguay pero criado en la Argentina, fue un ex maestro entonces de 49 años y 4 hijos. Se quedó acampado cerca de la escuela que había dirigido "por 11 años y 13 días", como señaló con precisión asombrosa (se sacó una foto junto a la campana). Había llegado al lugar en octubre de 1949 con su esposa y la primera hija del matrimonio. El chileno Riquelme, enjuto personaje de 65 años nacido hacia 1910 en Chillán, Chile, tenía el rostro ahuecado y la voz chillona (se fotografió con un martillo minero). Era tan solitario como soltero, egresado de la escuela de minería de Copiapó, y, por sobre todo, había levantado una solitaria y curiosa casa a 70 metros del río Chubut que levantó con sus manos. En medio de ese desierto pedregoso, su hogar era un oasis incomprensible, casi en la desembocadura del arroyo Las Minas en el río Chubut. Vivía solo con su perro Rubio y el gato que le regalaron en el Maitén para derrotar a los ratones serranos. No comía carne y su régimen admitía carbohidratos. Se fabricaba débil energía eléctrica y logró que un hilo de agua desde el río regara automáticamente los jardines que elevó con barro y arena del río. Le dibujó lagunillas geométricas donde solían acuatizar patos criollos. Había sido 9 años cocinero del hotel Parque de Bariloche donde aseguraba haber visto a una prominente figura del nazismo –el Dr. Menguele-, luego en el Bella Vista. Pero prefirió abandonarlo todo para pepear oro. Llegó al lugar casi junto con el maestro Soria, bastantes años después de la muerte de Sheffield. Conocía el lugar de la muerte "unos tres kilómetros hacia arriba donde tenía su campamento". Advirtió que "vamos encontrar una cruz hecha de hormigón que plantó la familia a principios de los años 50. Vinieron con comida y pilchas para dormir. Los huesos de Sheffield estaban casi al aire porque al morir no se cavó mucho y lo envolvieron en un cuero. Cierta vez –continuó Riquelme- habían pasado pobladores jóvenes que arrancaron la cruz y la tiraron por las cercanías. Los reprobé. La familia hizo un gran asado y se llevaron los huesos para El Bolsón", concluyó antes de emprender la caminata. No lejos del cenotafio este cronista encontró entre los matorrales la cruz primitiva. Conservó el travesaño tallado a cuchillo con el nombre del finado y en los extremos -débilmente- una "b" y una "d", por las iniciales que en inglés equivalen a "nacido" y "muerto". El tallador fue un norteamericano. La saga que siguió a ese descubrimiento dio con el original que respecto a la muerte testimoniaron John Crockett y Oliverio Perry, ambos norteamericanos. Sus rúbricas están entre las de John J. Davies y Mario Cardussi, suscriptas en 27 de noviembre de 1932.(Continuará) Curiosidades La Nación del 14 de setiembre de 1904 publica un telegrama despachado desde Ñorquinco donde se da cuenta que "en la casa de don Jorge Hube en El Bolsón" se ha inaugurado un molino harinero. La primera iniciativa para establecer una línea de automóviles entre Neuquén y el lago Nahuel Huapi fue del ingeniero civil Fernando Cerdeña quien la maduraba desde 1907 y se postulaba para hacer el viaje. Se pedía la mejora del "camino" que entonces era en parte una huella por donde sólo transitaban jinetes. Por tramos se parecía más a una rastrillada y los carros andaban a los tumbos. La Nación del 27 de febrero de 1908 dio cuenta de la iniciativa del ingeniero Cerdeña y el entusiasmo que generó. Cuando el camino aludido en el párrafo anterior –que no coincidía con la ruta 237, pavimento que también se sirve de trazas modificadas desde la construcción de la represa de El Chocón-tuvo un mejoramiento a partir de la visita del ex presidente norteamericano Teodoro Roosevelt, se consolidaron las postas del camino. La de Mencué, apeadero del camino elegido al este del Limay, según La Prensa del 5 de abril de 1915, estaba atendida por Francisco García y destinada a 12 pasajeros. Según una libreta manuscrita con minuciosidad por don Emilio E. Frey, el pionero barilochense, en un viaje de 1918 el alojamiento en Mencué le costó 4,50 pesos. Aquel viaje de don Emilio Frey del año 18, en el que volvía a sus pagos lacustres lo inició el 4 de enero en Constitución y le llegaría a su esposa, doña Rosa Schumacher, como un tardío regalo de Reyes. Es que esa vigilia de Reyes la pasó en el hotel Confluencia por 13,20 pesos, más 3,50 por la cena. Salió muy temprano y por el almuerzo en Cerro Policía pagó 2,50. El 7 de enero, finalmente, pudo almorzar en "Pilca", donde gastó 3,50. El boleto de tren desde Constitución era lo más caro: 49,30. Según el expediente 4881, del legajo 22, año 1906, sala del Ministerio del Interior del Archivo General de la Nación, la Sociedad Protectora de Animales solicitó que "Namuncurá y otros" no sacrifiquen animales.

Fuente: Francisco N. Juárez fnjuarez@interlink.com.ar - Diario de Rio Negro
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