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  Historias Patagonicas – por Francisco N. Juárez fnjuarez@interlink.com.ar
Trifulca de Sheffield y Williams en Ñorquinco - Sheffield, condenado a prisión o multa de $75 - Intentos para instalar una colonia norteamericana - Gira, crimen y final de la colonia norteamericana - Los buscadores de oro no tienen paraíso - Mansel Gibbon en la banda del Cañadón


Trifulca de Sheffield y Williams en Ñorquinco Los norteamericanos se embriagaron y se tomaron a golpes, pero juntos cometieron atropellos contra terceros. El más violento, Williams, escapó, volvió cinco años más tarde y allí mató de un balazo en un ojo al británico tendero del comerciante Agustín Pujol. Hace 104 años, el 24 de enero de 1899, Juan J. Milher, Juez de Paz de la colonia 16 de Octubre, levantó un acta en Ñorquinco sobre la denuncia de la vecina Rosa Amelia Muñoz, dependiente del hacendado Ciro Marcus: los atropellos cometidos por dos norteamericanos pendencieros. El relato consumió al juez Milher los folios 139 y 140 y una copia manuscrita abrió el expediente 39 del legajo 7 de sumarios del Chubut. El polémico comisario Eduardo Humphreys actuó sólo a instancias del juez de paz. No había comisario en Ñorquinco cuando la denunciante escapó de la trifulca y tras largo viaje dejó un mensaje de auxilio en la lejana estancia Fofo-Cahuel. Como no tuvo eco se presentó al juez. Las malas juntas No era un "bandido yanqui" ni un cow-boy fuera de la ley. En los Andes patagónicos, a fines del siglo XIX, a Martín Sheffield se lo conocía como un rebelde joven, cazador y buscador de oro, buen jinete y domador, "bien parecido" y tocado por una cuidada barba a la sombra de su aludo sombrero. De andar rítmico -que hamacaba su Colt a la cintura- o sigiloso de a caballo -siempre tordillo-, armado a Winchester (como posó para la fotografía que ilustra esta página), solía tentarse hacia picardías y era el alborotador de toda juerga. Proclive a las bravuconadas y a las apuestas basadas en su puntería, caía en "las malas juntas". Su talismán era una estrella de sheriff por la que presumía un pasado "dentro de la ley". Más que sus armas, los pingos y los perros falderos, esa estrella fue su tesoro que, presintiendo su muerte (en 1932), cedió a su hija mayor (últimamente la detentaba un familiar residente en Bariloche). Tres décadas atrás fotografié esa estrella policial de Texas prendida en el pecho de María Sheffield -la primogénita de Martín- cuando la entrevisté en el valle del Azul, próximo a El Bolsón y ella me vendió el último rifle de caza de su andariego padre. Ocurrió inmediatamente después que depositó unas flores en la tumba de su madre, la aborigen María de los Santos Pichún, en el cementerio de El Bolsón: había muerto poco tiempo atrás ya que sobrevivió varias décadas viuda del norteamericano. Sheffield todavía era soltero cuando hizo la mala junta con Charles H. Williams, un buen buscador de oro pero de malos antecedentes y una precipitada salida de los Estados Unidos para evitar rendir cuentas. Cuando los dos norteamericanos bajaron de su Klondike lugareño, armados y con las maletas de Williams mortificando los costillares de un pilchero (preveía un largo viaje), las pepitas de oro -en pequeños frascos que llevaban en el bolsillo de sus respectivas camisas- tintineaban como para presagiar una inmediata libación y juerga tormentosa. Hacía cinco años que Sheffield esperaba la aprobación -nunca lograda- a su formal petitorio del 28 de marzo de 1894 ante las autoridades del Chubut para catear un terreno aurífero sobre el arroyo Lepá. La indolencia de los burócratas solía empujar a ciertos recurrentes a caer en la vida furtiva y por esa razón, entre otras, la distante Patagonia se poblaba de perfiles temibles. Esa tarde del 15 de enero de 1899, el raleado caserío que era Ñorquinco parecía un pueblito fantasma. Ya funcionaba la tienda de ramos generales del acaudalado comerciante Agustín Pujol, también con comercio en Gastre, mitad de camino donde atender a viajeros de a caballo o de caravanas de carros que trillaban el sendero entre Puerto Madryn y las cordilleras, a donde se llegaba previo paso por la estancia Fofo-Cahuel de los ingleses. El Ñorquinco rionegrino -por diferenciarlo del neuquino o del Ñorquín, también de Neuquén, como solían confundirlos los diarios porteños- tenía boliche pero carecía de hotel. La gentileza vecinal de hospedar forasteros constituía la solución para pasar la noche. Por entonces, los vecinos más sólidos -y con mejor cama- eran Agustín Pujol, ya aludido, y Ciro Marcus, hacendado. También se recurría a Hernán Krausse, Higinio Arancibia, Pascual Zabalera, Manuel Zabalza y Juan Meli. Eran los más prestigiosos por lo menos hasta 1903 en que llegó el telégrafo y M. Espinoza fue el encumbrado jefe de la oficina; o bien hasta que Severiano Britos logró ser comisario, cuando lo agasajó el gobernador Julio B. Lezana del Chubut en su gira de 1904. El paso de ese gobernador por Ñorquinco (el 18 de febrero de ese año, día de gran agitación) fue un paréntesis en su marcha al Nahuel Huapí, belleza también fuera de su jurisdicción -como Ñorquinco- pero imperdible. Lo acompañaron el aludido Brito, Agustín Pujol, Hernán Krausse, Julián Vicente, Carlos Foresti y el salesiano padre Mignone. Se desata el drama Pero aquel crepúsculo en que Sheffield y Williams se emborracharon copiosamente, el martes 15 de abril de 1899, Ñorquinco tuvo otro tipo de alboroto. Los dos norteamericanos, discutieron, pelearon, pero enfilaron para lo de Ciro Marcus, ausente de la casa. Entraron -de todos modos- con prepotencia para hospedarse a pesar de la oposición de Rosa Melia Muñoz. Esta empleada sabía que nada de lo que hicieran esos prepotentes alcoholizados en las próximas horas sería honroso, pero aceptó guardar un sombrero aludo y la medalla de sheriff que le dio Sheffield (le encargó le hiciera fundir una estrella igual a la que le entregó, quizás para que la luciera su compinche) mientras que Williams le encargó guardar su sombrero y un revólver fuera de uso. Enseguida los norteamericanos volvieron a beber y se trenzaron a los bofetones, trompadas y puntapiés. La reyerta se calmó entre alcoholes y sueño. Sheffield se fue a la cama. Charles Williams, molesto, montó a caballo y partió a hospedarse a lo Pujol. Nadie podía calcular que ese mismo Williams, cinco años después, en el mismo lugar, mataría al dependiente de la tienda de Pujol de un balazo en un ojo. Pero esta vez estaba menos desesperado, aunque durmió poco, se levantó temprano y volvió a lo Ciro Marcus. Eran las 10 de la mañana del 16 -según el sumario- cuando hizo un disparo al aire antes de desmontar (lo que prueba que el alcohol todavía le dominaba) y muy pronto desataría la reyerta criminal. Sheffield dormía poco antes que Manuel Pichilef, el ovejero chileno de Ciro Marcus -de 38 años, soltero- decidiera salir de "las casas" para ver la majada. Se preparaba para hacerlo cuando Williams y Sheffield ya estaban en la cocina. Cuando volvió al mediodía, como lo contó luego en el sumario, "Sheffield me preguntó por su sombrero y como le contesté que no sabía nada... agarró un látigo y con el cabo me acometió a garrotazos...". En la cocina también estaba la señora Muñoz, que amenazada por Sheffield, huyó. El ovejero de Marcus, ante semejante golpiza, corrió a la puerta pero allí le esperaba Williams que también lo golpeó. Luego agarró un hacha (de 15 centímetros de filo) y alcanzó a darle un golpe que le abrió una herida en la espalda mientras corría. Pichilef siguió su carrera herido y se desbarrancó por un arroyo donde quedó escondido. Luego escuchó cómo lo buscaban por un trigal vecino, pero se fueron. Cuando empezó la trifulca y la señora Muñoz escapó, tampoco estaba el capataz chileno Francisco Guaiqui para ayudarla. Pichilef pasó toda la noche del 16 hasta la 3 de la mañana en el arroyo y se volvió maltrecho "a las casas" pero se tendió en una "ramada". No había amanecido el 17 de enero y ya la turbación alcohólica de los norteamericanos había pasado. Volvieron en penumbras esa madrugada a lo de Marcus, tendieron una cama para el herido y le hicieron la primera cura en la herida de la espalda. Esperaron el amanecer y Williams montó a caballo y se fue. A las 8 lo hizo Sheffield hasta lo de Pujol y regresó "diciendo que ese señor me daría todo lo que fuera necesario para la herida y asistirme...", confesó más tarde Pichilef. Sheffield partió para El Maitén. Quizás se vería a escondidas con Williams mientras los buscaban para el sumario, antes que este último fugara a Chile. Faltaba la actuación policial y el desarrollo del curioso sumario. Curiosidades • El 27 de enero de 1905 salió de Conesa para Choele Choel el vapor Sayhueque en el que viajaba el jefe de la escuadrilla comandante Irizar (cuestionado como toda la oficialidad que en 1892 se salvó del hundimiento de la Rosales pereciendo la marinería y que compensó su imagen con un salvataje antártico). La bajante del río parecía impedir la continuidad de a bordo. • En el viaje del Sayhueque un corresponsal de El Diario a bordo del vapor cablegrafió: "Tuve ocasión de hablar extensamente con el señor Irizar quien me aseguró que su viaje sólo respondía a estudiar el estado de la bajante del río a fin de darse cuenta si es posible la navegación en esta época de máxima bajante y todo lo que dificulte la navegación en este estado. Sólo dos comandantes habían inspeccionado al río en su mayor bajante (el otro fue el comandante Albarracín). • Las bajantes del río Negro trajeron muchos problemas, no tan graves como las inundaciones. Una de esas bajantes impidió remontarse hacia la cordillera al primer gobernador de Neuquén, Manuel Olascoaga y a todo su gobierno, que funcionó por casi medio año en Carmen de Patagones. --------------------------------------- Sheffield, condenado a prisión o multa de $75 La sentencia fue firmada en Tecka el 14 de febrero de 1899 y el norteamericano -que aún daría mucho más que hablar en la región- debió agregar 25 pesos destinados a compensar a la golpeada víctima. A los norteamericanos Martín Sheffield y Charles Williams no les faltaron problemas después de la paliza que -ebrios- le propinaron al aborigen chileno y ovejero de la majada de Ciro Marcus en Ñorquinco, después de hospedarse sin permiso, ante la ausencia del dueño de casa. Ese 16 de enero de 1899 en que Manuel Pichilef pasó la noche maltrecho, escondido en un arroyo y amaneció tumbado junto a un corral, le costaría 16 días postrado, y a los golpeadores, una condena en el sumario de 24 páginas que se salvó de las habituales destrucciones documentales. Williams lo abatió de un hachazo en la espalda, afortunadamente leve. Arrepentidos y pasado su bochorno alcohólico, los agresores lo curaron en la madrugada siguiente. Sheffield pagó por adelantado al comerciante Agustín Pujol lo que el apaleado necesitara. Lo dejó al cuidado de su compañera (al parecer en casa de un tal Donatti) y montó a caballo hacia el Portezuelo y El Maitén. La empleada de Marcus, Rosa Melia (por Amelia) Muñoz, que intercedió por Pichilef cuando Sheffield comenzó a pegarle, aseguró que fue amenazada por éste y corrió fuera de la casa. Volvió al día siguiente con los vecinos Hernán Krausse e Higinio Arancibia. El peón Francisco Guaiqui también huyó y no vio nada. Al regresar encontró "tirado cerca de un corral" a Pichilef herido en espalda y cuello, y una ventana de la casa había sido forzada. La mujer comprobó que faltaban "2 calzoncillos, una camiseta de punto, un rebenque de señora, un tarro de duraznos y otro de conservas", que evaluó en 24 pesos. Williams se pondría en fuga trasandina o esperaría novedades escondido en Arroyo Las Minas (por la probable y secreta visita de su compinche). Estrella de sheriff La Muñoz partió dos días después de la trifulca (19 de enero) hasta la estancia inglesa Fofo-Cahuel. Le dejó al contable un mensaje para el comisario del Departamento. La actuación sumarial del hecho perpetrado en territorio de Río Negro la hicieron funcionarios de Chubut. El juez de paz Juan J. Milher, que se constituyó en Ñorquinco el 24 de enero, era de la chubutense Colonia -galesa- 16 de Octubre, y la declaraciones que tomó el comisario Eduardo Humphreys en el sumario policial, mantienen el sello de su comisaría en el Territorio del Chubut, aún la que le tomó a la señora Muñoz en Ñorquinco. La Muñoz relató al juez el inicio de la pelea, su huida. Le entregó un revólver descompuesto que Williams le dejó en custodia y avisó que quedaba "en su poder una estrella al parecer de plata como de cinco centímetros con la inscripción Deputy Sheriff y un sombrero", pertenencias de Sheffield (joven en la foto de esta página, y su estrella, tal como la fotografié en 1971). También le dijo al juez que Sheffield violó la ventana y la segunda noche durmió junto a Williams y al herido. Pichelef confesó que Williams fugó tras la segunda noche -con pilchero y valijas- a Chile y Sheffield buscó en lo de Pujol medicamentos, hizo arreglos para su cura y partió a El Maitén. El 31 de enero de 1899 llegó la denuncia al comisario Eduardo Humphreys. Recién el 6 de febrero se constituyó en Ñorquinco, interrogó a la denunciante -que ratificó sus dichos- y a la víctima. Pichelef (chileno, ovejero de Ciro Marcus, de 38 años, soltero) le dijo al comisario que los norteamericanos estaban embriagados, ratificó lo demás y, por analfabeto, firmó el acta Nicanor Vergara. Francisco Guaiqui, peón de Ciro (o Cirus, como figura en su pedido de marca de ganado) Marcus, dijo ser chileno, de 54 años y soltero. Intentó la primera noche separar a los norteamericanos trabados a puñetazos, ratificó ante Humphreys las generalidades de la denuncia y por él firmó el acta John H. Davies. En la misma jornada, y por falta de médico, Humphreys pidió por nota a los vecinos Pascual Zabalza y Agustín Pujol que oportunamente reconocieran el estado y gravedad del herido. Pero Pichilef había dejado la cama y marchó de a caballo una distancia de 30 cuadras hasta lo de Marcus. Eso lo desmejoró. Aún así Zabalza y Pujol lo hallaron casi curado porque "a nuestro parecer no es de gravedad, estando las heridas de la cabeza completamente sanas y la que presenta a la espalda por ser la mayor, está sin cicatrizar, creyendo que en pocos días más (estará) completamente sano..." La nota no está fechada y al mencionar la casa donde vieron al herido tacharon "Donatti" y pusieron Marcus. Firmaron y remitieron el informe a Súnica, donde Humphreys logró interrogar a Sheffield después de detenerlo. En la novena carilla del expediente (que está mal foliado) figura con fecha 10 de febrero de 1899 el interrogatorio al norteamericano. Declara el cow-boy Sheffield dijo tener 31 años, ser soltero y hacendado. Ignoró todo lo que podía agravar su situación y aseguró que fue el peón chileno el que en estado de embriaguez lo abofeteó y también a Williams. Luego corrió hasta un trigal y volvió con un garrote con el que atacó a Williams. Su versión mostraba otra cara de la pelea pero no eludía la fiereza de Williams con el hacha. Confirmó que este último había fugado a Chile "por haber herido al indio" y señaló los arreglos con Pujol para curarlo. "¿Pero por qué volvieron a lo de Marcus? ¿les había quedado algo?" le preguntó Humphreys. Sheffield contestó que quedó "una estrella de plata que le había prestado a la señora Muñoz para mandar a hacer otra igual" y Williams había dejado "un sombrero, un revólver y sus maletas". Como el informe evidenciaba falta de gravedad, Humphreys elevó el sumario al juez el 13 de febrero, y "habiéndose fugado Williams" sólo puso a disposición a Sheffield. Lo recomendó como "un individuo muy provocativo y reincidente en estos casos". El itinerante juez de paz Juan J. Milher se declaró competente al día siguiente en Tecka, hizo ratificar allí a Sheffield de sus dichos y con urgencia nada judicial produjo ese mismo día la sentencia. Por los hechos que motivaban la causa y por ser "un individuo provocativo y reincidente de prisión, condeno a Martín Sheffield a sufrir quince días de prisión o 75 pesos de multa más 25 pesos que pagará al ofendido Pichilefo (sic)...". A Williams lo condenó en ausencia -a doble prisión y pagas- y les prohibió volver a la casa de Ciro Marcus "bajo pena de 50 pesos cada vez que lo verifiquen". Sheffield se notificó con su ampulosa rúbrica en Tecka y al día siguiente pagó allí la multa de 75 pesos y la compensación a Pichilef de 25. Se sabe que la multa llegó a las arcas del gobierno de Chubut por el acuse de recibo suscripto en Rawson por Ithel Berwyn el 27 abril siguiente, y porque los 75 pesos ingresados al arca territorial se destinaron al "fondo de Puentes y Caminos". Lo que nunca podrá comprobarse es si los 25 pesos le llegaron alguna vez al pobre Pichilef. La duda más benévola hace pensar que no sucedió jamás: Sheffield pagó los 25 pesos en Tecka el 15 de febrero y el 17, en Súnica Humphreys asentó: "En la fecha se hace entrega a Manuel Pichilef de 25 pesos pagado por M. Sheffield en cumplimiento...En este estado Manuel Pichelef manifiesta no saber firmar y pide al señor Humphreys que lo haga a su ruego". Pichilef no estaba en Súnica, sino convaleciente en Ñorquinco. Un dato para la historia burocrática: es posible que otro sumario por el mismo tema haya corrido en Bariloche, ya que el 13 de julio de 1899 el juez letrado del Chubut Manuel Pastor, ofició al juez "de igual clase de Bariloche sobre competencia" para que le remitiera actuaciones respecto del incidente Sheffield - Williams. Curiosidades · Los diarios porteños de hace un siglo historiaron las proezas de exploración del río Negro. Según el Tribuna del viernes 6 de febrero de 1903 sus colegas olvidaron "mencionar el viaje realizado en el año "79 (por 1879) en el vaporcito Triunfo por el hoy comodoro Enrique Howard, actual intendente de Marina, y el cual debe ser recordado como un estímulo a los oficiales de la Armada que lo hicieron. Ese vaporcito -agregaba la nota- fue el primero que remontó el río Negro hasta pocas leguas debajo de Fico-meno-có, hoy Fuerte Roca. A su paso por la costa de Choele Choel las fuerzas que allí se encontraban al mando del entonces coronel Villegas le presentaron las armas formadas en línea de batalla". ---------------------------------------------------- Intentos para instalar una colonia norteamericana El dentista y vicecónsul de los Estados Unidos George Newbery lideró en 1903 y 1904 la campaña para instalar una colonia de vaqueros del Viejo Oeste en la Patagonia. La polémica resonó en Ñorquinco y los diarios capitalinos tomaron partido en favor y en contra de este plan colonizador Ñorquinco, El Bolsón, Cushamen y Cholila se convulsionaron ante el anuncio de instalación de una colonia norteamericana. El intento -finalmente frustrado- arrancó en 1903 y polemizaron pobladores, funcionarios y editores de diarios. Alcanzó su punto crítico en Ñorquinco, Río Negro, cuando el gobernador del Chubut Julio B. Lezana se instaló unos días en su gira de 1904. Allí escuchó a los airados pobladores de la región contrarios a la "colonia yanqui". Poco antes, el buscador de oro y vaquero Martín Sheffield cometió un par de picardías y Charles Williams -que en 1899 aplicó un hachazo en los costillares del peón chileno Pichilef- en 1904 cometió un asesinato. Así salpicaron a sus connacionales pioneros y honrados, y sin proponérselo, ayudaron a sepultar el plan colonizador. Lideraba el proyecto el vicecónsul norteamericano George H. Newbery, dentista neoyorquino de 47 años cuyo hermano mayor Ralph -de 55- llegó antes a Buenos Aires y fue padre del héroe de la aviación nativa. También tuvo la primera idea de poblar la Patagonia con vaqueros norteamericanos. Los pioneros de toda nacionalidad que aguardaban la entrega de títulos de la Oficina de Tierras (en Florida 725) presintieron que esta vez serían desalojados. Explotó la polémica, los políticos diferenciaron sus enfoques del "gobernar es poblar" y los diarios tomaron partido. Dentaduras y dentelladas Sólo la historia de la instalación en la Argentina de los dentistas neoyorquinos Ralph Lamartine y George Harkness Newbery merecería un par de volúmenes sobre su vida de dentistas itinerantes y autores de los primeros folletos en Buenos Aires sobre odontología y postizos (el primero por Ralph en la imprenta de M. Biedma en 1878 y el de George en 1899). En su huella están las pistas de la pasión patagónica de los Newbery (Ralph murió el 25 de abril de 1906 buscando oro en Río Grande) y su vinculación con los norteamericanos -buenos y malos- que pusieron rumbo sur. Pero si se evoca la fechoría de los norteamericanos Martín Sheffield y Charles Williams de enero de 1899 en Ñorquinco, el lugar parece estratégico: será el escenario de la estridencia de los viejos pobladores de tierras fiscales, sin títulos y legítimos enemigos de la propuesta por basar la Colonia Norteamericana (también señalaban que muchos norteamericanos ya arribados dejaban mucho que desear). Los diarios tomaron partido: La Prensa, a favor de la Colonia y La Nación de los opositores. Duró meses. En enero de 1903 el Ministerio de Agricultura puso en venta grandes extensiones fiscales para ser pobladas con arreglo a la nueva ley agraria. El 11 de octubre de ese año La Prensa criticó el criterio oficial de entrega de tierras en pastoreo. Dijo La Prensa que sólo 59 leguas habían sido compradas por pobladores o latifundistas -decía no saberlo bien- y aducía que las tierras las rechazaban extranjeros con capital. "Varios inmigrantes del Oeste de los Estados Unidos -puntualizó- han llegado con capital y resueltos a radicarse... dedicándose a la cría de ganados" (LP no aludía -por desconocerlo, claro- que así ya residían en Chubut tres sigilosos asaltantes de bancos). "Fueron al Chubut -continuaba el diario- y encontraron que las tierras ofrecidas en venta por el gobierno no servían para el pastoreo y cuando pidieron al Ministerio adquirir tierras libres en otros parajes, el ministro les contestó que no había disponibles...". La nota señala que entonces los vaqueros norteamericanos siguieron más al Oeste. En tono editorial puntualizó que eran los que venían a traer riquezas (los tres que llegaron a Cholila con 30 mil dólares se llevaron una cantidad mayor en dos asaltos). Finalmente, La Prensa advirtió que 6 norteamericanos "se encuentran en la Colonia Roca y esperan medios de movilidad para ir a reunirse con sus compatriotas..." El 1° de diciembre de ese mismo año La Prensa defendió no sólo a los inmigrantes norteamericanos ya arribados sino a los "dispuestos a trasladarse a esta República" con capitales. Y agregó que el "vicecónsul de aquella nación en la Argentina, señor Newbery (por George) y el Sr. Hiran Kribs han acudido al Gobierno en representación de sus compatriotas pidiendo se les reserve y designe una zona de terreno como se ha hecho con los colonos boers (afincados en Camarones)... Y como algunos de los norteamericanos ya están ubicados" requerían las tierras que se extendían entre la inmensidad poseída por la South American Land Co. Limited, la frontera con Chile, la colonia Nahuel Huapi y la zona de lago Cholila", nada menos. El lejano oeste La reacción tardó hasta el 7 de enero de 1904 cuando La Nación publicó el telegrama despachado el día anterior desde Ñorquinco. "Ha causado gran sorpresa y disgusto entre los pobladores de esta región -decía el corresponsal- un suelto publicado en un diario de la mañana de esa capital (La Prensa) en diciembre próximo pasado, apoyando la petición de media docena de familias norteamericanas que han solicitado al gobierno tierras en Cholila y El Bolsón..." y argumentando estar despobladas. Sostenía el artículo que, en cambio, allí había no menos de 84 familias pobladoras de diferentes nacionalidades, incluso argentinos y que un año antes se habían dirigido al Ministerio de Agricultura renovando el requerimiento de compra, la creación de un pueblo y aludiendo a los sembrados y ganados que tenían. "Los vecinos -ironizaba el corresponsal- creen que por lo menos se les tratará en iguales condiciones que a los boers" que venían de una guerra adversa y se lo acogió generosamente. George Newbery entusiasmado con la colonia, obvió los consejos del agente Pinkerton que había pasado pocos meses antes por Buenos Aires y advirtió sobre la peligrosidad de algunos de esos "hacendados" norteamericanos). Ignoraba, además, que Charles Williams estaba nuevamente "en zona" (como se diría ahora). Williams zarandeaba lechos auríferos en los arroyos tributarios del río Chubut. Guardaba un escondido rencor contra Guillermo Brincke, el empleado de la tienda de Agustín Pujol. Por eso lo deseable era que no bajara a Ñorquinco. Podía ser fatal. Ya en septiembre del año 3 su compinche Martín Sheffield, nada criminal pero burlón y camorrero, se hospedó en Ñorquinco y no dejó bien parados a los norteamericanos. La Nación publicó el 10 de septiembre de 1903 un telegrama del día anterior despachado desde en aquella localidad que decía: "Anteayer fue detenido por el comisario Brito, Martín Sheffield, norteamericano, de triste celebridad por los continuos atropellos que ha hecho víctima a los vecinos de los territorios de Río Negro y Chubut. Los dos últimos hechos que motivaron su prisión -puntualizaba el matutino- son un tiro disparado al vecino Martín Rojas cuyo proyectil le perforó la copa del sombrero y una intimación, revólver en mano, hecha a don José Garza, encargado de la casa de negocio de los señores Nicanor Fernández y Cía. en ésta para que le entregara varias mercaderías. El detenido fue conducido hoy a Rawson". La noticia concluía aludiendo la satisfacción vecinal por librarse de "un individuo tan peligroso". En realidad, la mayoría de esas "proezas" las emprendía Sheffield como desafíos para ganar apuestas. Apenas despuntó el año 1904 el gobernador del Chubut preparó su gira al lejano Oeste (cordillerano). Por entonces simpatizaba con la idea de la "colonia americana" como se la llamaba. Varios diarios criticaron la gestión de gobierno de Lezana en los primeros días de ese año y La Prensa del 9 de enero catalogó las críticas de sus colegas como injustas. Dos días después replicó La Nación: "La gobernación del Dr. Lezana va caracterizándose por la frecuencia de los abusos cometidos por sus empleados". Después de la borrasca, el gobernador, su Jefe de Policía Julio Fougere, el salesiano padre Mignone y comitiva, iniciaron el 21 de enero una gira complicada. Curiosidades * Al final de esta semana pero de 1904 el comisario de Trelew, que se negaba a recibir la queja del jefe de tráfico del Ferrocarril del Chubut (Jones), se alteró al llegar ejemplares de La Nación de 5 de febrero. La noticia decía: "Noches pasadas el señor Jones... notó que le faltaba alfalfa en su chacra y siguiendo los rastros comprobó que dicho forraje era llevado a la comisaría de Trelew". Aclaraba que la negativa del comisario determinó la presentación de Jones ante el Juzgado Letrado. * En el mismo ejemplar del diario se leía que "la inmoralidad de algunos comisarios de campaña llega al punto de entregar cartas de recomendación a los presos que remiten a esta capital (por Rawson) para que nombren defensores". * La instalación de una colonia agrícola y ganadera en la Patagonia, no sólo se intentó en 1904. Doce años después, Percy C. Pickrell propuso formarla en una extensión de 50.000 a 100.000 hectáreas (lo publicó La Prensa del 19 de mayo de 1916). * Agustín Pujol fue un personaje comercialmente importante. Su tienda en Ñorquinco funcionaba casi como banco de los ganaderos, contratación de servicios varios (además del almacén de ramos generales) y centro de información. El periódico La Cruz del Sur del 16 de abril de 1905, editado por los salesianos en Rawson, indicó que "Pujol vendió sus propiedades en 250.000 pesos". ------------------------------------------------- Gira, crimen y final de la colonia norteamericana La presión de los pobladores contra la nueva colonia obligó al gobernador del Chubut a reclamar ante el gobierno central. El asesinato que poco después cometió el norteamericano Charles Williams ayudó a sepultar el plan colonizador. Una gira gubernamental en la Patagonia era, en 1904, una aventura de a caballo, tramos en carruaje y noches de vigilia a la intemperie. La que emprendió por su territorio el gobernador el Chubut Julio B. Lezana arrancó el 21 de enero de ese año 4, y su primera etapa fue dedicada al sur de sus dominios. Luego siguió hacia la cordillera. Los principales acompañantes fueron el Jefe de Policía Julio Fougere y el salesiano padre Mignone. Cuatro días después se produjo una discrepancia entre el gobernador y Fougere, porque Lezana quería mantener al comisario Miranda de la Colonia Sarmiento, conocido por sus abusos. La gira continuó y el 11 de febrero marchaban camino de Ñorquinco a la vez que en Buenos Aires La Nación publicaba un telegrama de Rawson sobre la fuerte impresión que causaron las críticas periodísticas respecto de la situación del territorio "debido a la falta de tino del gobernador Lezana" y el éxodo de pobladores. Maquillaje sin colonia El 13 de febrero a las 11 de la mañana llegó el gobernador y comitiva a Ñorquinco. Doscientos pobladores y algunas autoridades locales mezclaron "aclamaciones y vítores", según telegrafió el corresponsal de La Nación. La crónica señalaba que el gobernador permanecería allí algunos días "para recorrer los alrededores y conocer el Bolsón de Cholila (sic). Se muestra muy satisfecho por no haber recibido en lo que va del recorrido, ninguna queja contra sus subalternos". Pero debió escuchar la primera demanda de varios vecinos que le solicitaron "interponga su valiosa influencia ante el supremo gobierno para que éste respete los derechos de los antiguos pobladores, o que sean preferidos a los que ahora vienen a poblar". Era el tema de la colonia norteamericana que La Prensa del mismo día aludió pero sin eufemismos, a pesar de defender la instalación de esos vaqueros. Señaló que los antiguos pobladores pidieron que "no se conceda a los colonos norteamericanos la concesión pedida de cincuenta leguas de tierra". Argumentaron que si eso era posible, también lo era venderles tierras a quienes la poseen desde hace muchos años y han adquirido lógico derecho de preferencia. El clamor de los pobladores continuó y un día después La Prensa, que antes había dedicado editoriales a favor de una colonia norteamericana en la Patagonia que propiciaba el vicecónsul norteamericano George H. Newbery, cambió de postura al mismo tiempo que lo hizo el gobernador. Consultado en Ñorquinco el 14 de febrero (y publicado el 15), eligió la cautela. Lezana prefirió sugerir que "antes de autorizarse la creación de la colonia norteamericana y determinar su asiento, un empleado de la división de Tierras y colonias inspeccione el Territorio y vea las cosas de cerca, pues hay mucho espacio donde puede fundarse la colonia... sin que haya necesidad para ello de cometer una injusticia con los de casa". El mismo día La Nación incluyó dos telegramas que el gobernador Lezana despachó desde Ñorquinco. Uno para el presidente Roca y el otro para el Ministro del Interior Joaquín V. González. En el primero señaló que los vecinos de Ñorquinco, Bolsón, Cushamen y Cholila, reunidos frente a él, le pidieron creara juzgados de paz en las poblaciones señaladas y en los establecimientos de la Cía de Tierras (de los ingleses, que esa semana le vendieron 4.000 capones al frigorífico de Bahía Blanca). El telegrama puntualizaba que la comarca en cuestión tenía un radio de 40 leguas de la "zona más poblada, más rica y de más porvenir de la cordillera". Junto a Lezana estaba con el fiel comisario de Ñorquinco, Severiano Britos, que "todos desean que ocupe" el cargo de juez de paz y así lo propuso en el telegrama. El dirigido al Ministro del Interior, aludió a las poblaciones, la riqueza y futuro regional, sirvió para remarcar la antigüedad de asentamiento de agricultores y hacendados del lugar, "alarmados con las gestiones que hacen algunos norteamericanos para que se les conceda las tierras...", a la vez que propuso el envío de un empleado de Tierras (oficina de Agricultura) y advirtió no "cometer una injusticia con los de casa". La Nación volvió sobre el tema el 19 de febrero (Lezana acababa de visitar la escuela de Cushamen) y reiteró la presentación de lo pobladores al ministro, dando como ya adjudicada la concesión por el Ministerio de Agricultura a una empresa norteamericana y que "se espera la venida del ministro Escalante, que veranea en Mar del Plata, para tratar el asunto en forma equitativa". El desquite, sin oro Ni Ñorquinco ni Nahuel Huapi pertenecen, claro, al Chubut. Sin embargo Lezana, su comitiva y los vecinos Severiano Britos, Herman Krausse, Julián Vicente, Carlos Foresti y Agustín Pujol, marcharon el 18 de febrero rumbo al lago. El 21 navegaron en El Cóndor y visitaron Bariloche, Blest y el comercio de Jones. El 24, desde la estancia Maquinchao, el gerente de la estancias inglesas Francisco Preston mandó un galopante chasqui hasta Pilcañú (sic) con un telegrama dirigido al administrador Carlos Hacket con sede en Leleque para que "busque un poco de vino en lo de Pujol, también una botella de whisky" seguramente para agasajar el paso del gobernador y prometiendo llevar "algunas cosas más" (un bote hasta el laguito cerca de Cholila para paseo de las visitas). El 29 de febrero -año bisiesto- Ñorquinco fue una fiesta: asadores bien clavados y bebida abundante en el banquete de despedida al gobernador que salió al día siguiente para El Bolsón y Cholila. La gira entró en una etapa memorable. La tradición oral sostiene que Charles Williams, el pendenciero buscador de oro norteamericano, fue amenazado por el comerciante Pujol a través de su empleado y Williams prometió vaciarle un ojo de un balazo. El 21 de abril de 1904 Williams bajó desde los arroyos auríferos hasta el comercio de Pujol, cuando el barullo de la gira del gobernador se había acallado. Allí solía pagar sus tragos con el oro pepeado, pero venía de tener pocos resultados. Necesitaba provisiones y alcohol, para compensar la mala suerte. Iba por el desquite. Lo que sucedió esa jornada lo contaron muchos días después los diarios capitalinos. "Fue asesinado en esta localidad (por Ñorquinco) el empleado del señor Pujol, Guillermo Brinch (sic) por Charles Williams, minero norteamericano. El comisario Britos remitió al criminal a Rawson. El vecindario está consternado, pues todos los años, desde 1902 se producen hechos de sangre". La colonia norteamericana propuesta, también estaba herida de muerte. El juicio criminal se ventiló en Rawson, Chubut. Una gira gubernamental en la Patagonia era, en 1904, una aventura de a caballo, tramos en carruaje y noches de vigilia a la intemperie. La que emprendió por su territorio el gobernador el Chubut Julio B. Lezana arrancó el 21 de enero de ese año 4, y su primera etapa fue dedicada al sur de sus dominios. Luego siguió hacia la cordillera. Los principales acompañantes fueron el Jefe de Policía Julio Fougere y el salesiano padre Mignone. Cuatro días después se produjo una discrepancia entre el gobernador y Fougere, porque Lezana quería mantener al comisario Miranda de la Colonia Sarmiento, conocido por sus abusos. La gira continuó y el 11 de febrero marchaban camino de Ñorquinco a la vez que en Buenos Aires La Nación publicaba un telegrama de Rawson sobre la fuerte impresión que causaron las críticas periodísticas respecto de la situación del territorio "debido a la falta de tino del gobernador Lezana" y el éxodo de pobladores. Maquillaje sin colonia El 13 de febrero a las 11 de la mañana llegó el gobernador y comitiva a Ñorquinco. Doscientos pobladores y algunas autoridades locales mezclaron "aclamaciones y vítores", según telegrafió el corresponsal de La Nación. La crónica señalaba que el gobernador permanecería allí algunos días "para recorrer los alrededores y conocer el Bolsón de Cholila (sic). Se muestra muy satisfecho por no haber recibido en lo que va del recorrido, ninguna queja contra sus subalternos". Pero debió escuchar la primera demanda de varios vecinos que le solicitaron "interponga su valiosa influencia ante el supremo gobierno para que éste respete los derechos de los antiguos pobladores, o que sean preferidos a los que ahora vienen a poblar". Era el tema de la colonia norteamericana que La Prensa del mismo día aludió pero sin eufemismos, a pesar de defender la instalación de esos vaqueros. Señaló que los antiguos pobladores pidieron que "no se conceda a los colonos norteamericanos la concesión pedida de cincuenta leguas de tierra". Argumentaron que si eso era posible, también lo era venderles tierras a quienes la poseen desde hace muchos años y han adquirido lógico derecho de preferencia. El clamor de los pobladores continuó y un día después La Prensa, que antes había dedicado editoriales a favor de una colonia norteamericana en la Patagonia que propiciaba el vicecónsul norteamericano George H. Newbery, cambió de postura al mismo tiempo que lo hizo el gobernador. Consultado en Ñorquinco el 14 de febrero (y publicado el 15), eligió la cautela. Lezana prefirió sugerir que "antes de autorizarse la creación de la colonia norteamericana y determinar su asiento, un empleado de la división de Tierras y colonias inspeccione el Territorio y vea las cosas de cerca, pues hay mucho espacio donde puede fundarse la colonia... sin que haya necesidad para ello de cometer una injusticia con los de casa". El mismo día La Nación incluyó dos telegramas que el gobernador Lezana despachó desde Ñorquinco. Uno para el presidente Roca y el otro para el Ministro del Interior Joaquín V. González. En el primero señaló que los vecinos de Ñorquinco, Bolsón, Cushamen y Cholila, reunidos frente a él, le pidieron creara juzgados de paz en las poblaciones señaladas y en los establecimientos de la Cía de Tierras (de los ingleses, que esa semana le vendieron 4.000 capones al frigorífico de Bahía Blanca). El telegrama puntualizaba que la comarca en cuestión tenía un radio de 40 leguas de la "zona más poblada, más rica y de más porvenir de la cordillera". Junto a Lezana estaba con el fiel comisario de Ñorquinco, Severiano Britos, que "todos desean que ocupe" el cargo de juez de paz y así lo propuso en el telegrama. El dirigido al Ministro del Interior, aludió a las poblaciones, la riqueza y futuro regional, sirvió para remarcar la antigüedad de asentamiento de agricultores y hacendados del lugar, "alarmados con las gestiones que hacen algunos norteamericanos para que se les conceda las tierras...", a la vez que propuso el envío de un empleado de Tierras (oficina de Agricultura) y advirtió no "cometer una injusticia con los de casa". La Nación volvió sobre el tema el 19 de febrero (Lezana acababa de visitar la escuela de Cushamen) y reiteró la presentación de lo pobladores al ministro, dando como ya adjudicada la concesión por el Ministerio de Agricultura a una empresa norteamericana y que "se espera la venida del ministro Escalante, que veranea en Mar del Plata, para tratar el asunto en forma equitativa". El desquite, sin oro Ni Ñorquinco ni Nahuel Huapi pertenecen, claro, al Chubut. Sin embargo Lezana, su comitiva y los vecinos Severiano Britos, Herman Krausse, Julián Vicente, Carlos Foresti y Agustín Pujol, marcharon el 18 de febrero rumbo al lago. El 21 navegaron en El Cóndor y visitaron Bariloche, Blest y el comercio de Jones. El 24, desde la estancia Maquinchao, el gerente de la estancias inglesas Francisco Preston mandó un galopante chasqui hasta Pilcañú (sic) con un telegrama dirigido al administrador Carlos Hacket con sede en Leleque para que "busque un poco de vino en lo de Pujol, también una botella de whisky" seguramente para agasajar el paso del gobernador y prometiendo llevar "algunas cosas más" (un bote hasta el laguito cerca de Cholila para paseo de las visitas). El 29 de febrero -año bisiesto- Ñorquinco fue una fiesta: asadores bien clavados y bebida abundante en el banquete de despedida al gobernador que salió al día siguiente para El Bolsón y Cholila. La gira entró en una etapa memorable. La tradición oral sostiene que Charles Williams, el pendenciero buscador de oro norteamericano, fue amenazado por el comerciante Pujol a través de su empleado y Williams prometió vaciarle un ojo de un balazo. El 21 de abril de 1904 Williams bajó desde los arroyos auríferos hasta el comercio de Pujol, cuando el barullo de la gira del gobernador se había acallado. Allí solía pagar sus tragos con el oro pepeado, pero venía de tener pocos resultados. Necesitaba provisiones y alcohol, para compensar la mala suerte. Iba por el desquite. Lo que sucedió esa jornada lo contaron muchos días después los diarios capitalinos. "Fue asesinado en esta localidad (por Ñorquinco) el empleado del señor Pujol, Guillermo Brinch (sic) por Charles Williams, minero norteamericano. El comisario Britos remitió al criminal a Rawson. El vecindario está consternado, pues todos los años, desde 1902 se producen hechos de sangre". La colonia norteamericana propuesta, también estaba herida de muerte. El juicio criminal se ventiló en Rawson, Chubut. Curiosidades La captura en el Chubut del bandolero Asencio Brunel en febrero de 1905 produjo revuelo y los matutinos de Buenos Aires hicieron mérito de la acción del comisario Eduardo Humphreys (era corresponsal espontáneo de uno de ellos). El policía, que iba a ser exonerado por su indolencia, no tuvo mérito en el apresamiento de Brunel. * El vespertino El Diario del 18 de febrero de ese 1905 se hizo eco de otro corresponsal espontáneo que corrigió aquellos datos. "Un poblador de la cordillera nos escribe desde el Chubut -apuntó el vespertino- extrañando la forma como se ha hecho pública la prisión del bandido Asencio Bonnell (por Brunel), versión que atribuía rasgos de heroísmo a la policía de 16 de Octubre. Nos dicen que ella es falsa, como también que haya participado con la debida energía y solicitud el comisario señor Eduardo Humphreys". El bandido había pasado "a poca distancia del puesto de nuestro informante, acusando este hecho la desaparición de haciendas y caballos. Avisada la policía de su presencia -decía el remitente- no dio señales de actividad...". El poblador hizo su pesquisa dando con el refugio del "bandolero de los bosques". * El colaborador epistolar del Chubut agrió su comentario denunciando que el comisario Humphreys envió a su hermano acompañado de algunos milicos que se hospedaron en el puesto del poblador. Pero como las carneadas y robos no se podía disimular, emprendieron la persecución del malhechor, y pronto lo dejaron tranquilo. Fueron los vecinos sin compañía de autoridad alguna quienes formaron la partida. El denunciante mandó a su peón "Fortunato Cruz, que junto con Candelario Vargas y Manuel Jara, apresaron al bandido... La única intervención del comisario fue cuando le fue llevado el aprendido, a quien le dijo ¿Cómo te va Asencio? Y este le contestó: ¿Cómo te va, che Eduardo?". * El Candelario Vargas, mencionado precedentemente, era hermano de Pío Quinto Vargas, pendenciero del Corcovado. * El 21 de febrero de 1880 el Tribuna publicó la dramática carta del perito Moreno a Lucio V. López. "Tolderías de Shayhueque, río Caelufú, enero 31 de 1880. Mi querido Lucio: compare mis cartas de Cashtne y Teck"a con estas líneas. Estoy preso y lo fui al pie del Monte López en Nahuel Huapi: Lea mi carta al viejo, mi padre. Qué hermoso día fue ese en que me permití honrar su apellido en la persona de su abuelo, el autor del himno inmortal que me dará siempre ánimo. No estoy afligido y espero verme libre pronto. Trabajé por ello. No crean que me encuentro en serio peligro. Escriba a Miguel Cané y hágale presente esto. Mis afectos a su padre. Y un abrazo de su amigo F.P. Moreno. Jefe de la Comisión Exploradora de los Territorios Australes". Los buscadores de oro no tienen paraíso La codicia le trajo al pendenciero Charles Williams, mala vida y cárcel y al buen minero Ramón Riquelme, una dolorosa soledad. Desde principios del siglo pasado la vida en las cordilleras de Río Negro y de Chubut no era fácil. A las dificultades opuestas por el clima, se agregaba el peligro de ser despojado de bienes -y hasta de vida- por bandidos. Pero las armas de toda marca, Colt, Winchester y Smith & Weson, entre otras, no eran mal vistas en cualquier viajero. Las balas se vendían en almacenes de campo y hasta la Guía Ilustrada de Buenos Aires de 1900, de Agustín Etchepareborda redactada por el periodista Arturo Pereyra, aconsejaba portar armas y decía que los porteños lo hacían. No sorprendía verlas en la cadera de alguien que tras desmontar entraba en un boliche. No siempre viva la pepa Después que el vaquero y pepeador de oro norteamericano Charles Williams mató a Guillermo Brincke en Ñorquinco el 21 de abril de 1904, el comisario Severiano Britos logró apresarlo y lo remitió a la lejana capital territorial del Chubut donde funcionaba el juzgado. Enterrada la víctima -el empleado de la tienda de ramos generales de Agustín Pujol- los pobladores que le temían a Williams sintieron alivio. Se dijo que había recelo anterior entre víctima y victimario que era un bravucón que siempre pretendía no pagar la bebida consumida y hasta llevarse algunas prendas, como ocurrió aquel día de otoño. Ya había cruzado la frontera cuando en 1899 -en total estado de ebriedad- hirió a un peón del hacendado Ciro Marcus, de Ñorquinco, y perdió en la región el generoso hospedaje que se brindaba a los andantes. Especialmente fue rechazado en las estancias inglesas, donde el también itinerante administrador general Francisco Preston vaticinó para Williams un final encarcelado. Lo recordó después del crimen, el mayordomo de la estancia Leleque Carlos Hackett al escribirle a Preston: "Yo creo que usted profetizó un mal fin para Charly Williams -le recordó Hackett el 2 de mayo de 1904-; la bestia disparó contra Brinch (sic), el hombre de Pujol, el otro día, matándolo y ahora está camino de Chubut. ¡Otra hermosa recomendación para la colonia norteamericana!", concluyó el británico. Arribado a Rawson, el asesino fue alojado en la cárcel donde poco después sentó reales otro pendenciero: Pío Quinto Vargas. Pero a diferencia de éste, que contaba con numerosa hacienda y podía pagar abogados, Williams se vio en dificultades, además de las provocadas por demoras, como las de las actuaciones sumariales que no llegaban nunca a la capital del Chubut. Recién a mediados de junio de 1905 "el Ministerio Público presentó acusación contra Carlos Williams, norteamericano, por el delito de homicidio perpetrado en la persona del señor Guillermo Brickle, en Gastre, el 21 de abril de 1904, requiriendo la pena de 15 años de presidio", como lo comentó el sabatino semanario salesiano La Cruz del Sur. También se mandaron oficios al lugar del crimen para los necesarios testimonios con los que el defensor de oficio José O. Vernazza podría armar una estrategia. El Juez dictaminó el embargo de bienes, pero el procesado (según La Cruz del Sur del sábado 3 de setiembre de 1905) dijo no tener dinero para el embargo y "que los bienes que tenía en Ñorquinco sobre el río Chubut los había dejado abandonados cuando fue capturado", por lo que se comisionó el embargo por oficio al juez de paz de Cushamen, Severiano Britto. El juez de paz y ex comisario respondió por nota que "Williams no tiene más bienes que unas herramientas inservibles y que nadie le conoce bienes en Ñorquinco, pues las minas a que el acusado se refiere están en el territorio de Río Negro siendo todo un arroyo donde explotaba al igual que otros algunas pepitas de oro". El arroyo en cuestión era el Los Mineros, también conocido como Las Minas, donde Williams tamizó las arenas auríferas con Martín Sheffield, el legendario. Este último volvió, pero ya viejo, a ese mismo afluente -escaso de aguas- del Chubut en sus nacientes y no lejos de El Portezuelo. Ramón Riquelme fue el último minero que buscó oro en ese mismo arroyo en los años 40 y 50. Allí lo entrevisté muchos años después porque Riquelme había recogido la tradición oral sobre los buscadores de oro. Esmirriado y soltero, había sido cocinero del hotel Parque de Bariloche hasta que corrió tras la quimera del oro que lo condenó a una penosa soledad. De Charles Williams decía que era "codicioso y criminal". Triste, solitario y final La salud de Riquelme se quebró hacia 1985 y charlamos por última vez en el hospital de Ñorquinco, donde lo atendían de una enfermedad terminal. ¿Y cómo terminó Charles Williams? Para el 8 julio de 1906, su defensor Vernazza renunció a la defensa del juicio criminal y una semana después Williams logró nombrar al experimentado Luis M. Sabatier (la información del semanario del Chubut decía que era por el delito de homicidio de Williams contra Federico Guerke. Era un error o Charles tenía otra cuenta pendiente que saldar). Para agosto de 1906 se reclamaron en las actuaciones varias diligencias retardadas que al parecer eran vitales para la defensa y obligaron a arbitrar "por equidad y contra el dictamen fiscal" otras pruebas fuera de término probatorio ya vencido. Recién el 4 julio de 1907 el expediente del proceso criminal "seguido de oficio contra el acusado Carlos H. Williams" se puso a despacho para sentencia. Para 10 días después se sabía que el estudio de su caso era tedioso a causa de la gravedad de la causa y el volumen de los autos, de los cuales, el cuaderno de prueba del acusado había sumado 60 fojas. De ellas 42 fueron consumidas por el alegado del defensor Sabatier, que también recitó, quejumbroso, como informe "in voce". Finalmente la sentencia del 25 de julio de 1907 aludió el estudio minucioso de los antecedentes y declaró "improbada la excusa de legítima defensa y probados el cuerpo del delito común de homicidio y la responsabilidad del acusado en el mínimun de la pena impuesta por el Art. 17, caso 1° de la ley 4189, por concurrir dos circunstancias atenuantes, condenándolo a la pena de diez años de presidio, con los accesorios de interdicción civil que debe sufrir en la Penitenciaría Nacional y el pago de las costas del proceso". Al parecer, Williams fue uno de los pioneros buscadores de oro en el valle Corintos con que se privilegiaron varios galeses. Ernesto Humphreys, hijo del comisario que lo apresó en 1899, me relató -hace 30 años- que a Williams le fue acortada la condena: decía que la cumplió en La Plata. Admitió que su padre comisario "lo había ayudado en el Corintos" (seguramente también lo dejó escapar en el "99) y que, a pedido de su padre comisario, cabalgó 8 leguas para llevar remedios a Williams. También dijo que Charly siempre andaba escondido y sufría enfermedades venéreas. Curiosidades * El vespertino La Tribuna del 26 de febrero de 1880 difundió en Buenos Aires que el perito Moreno acababa de salvar el pellejo. Los titulares destacaban: "Ultima hora - Noticias del explorador - Fuga del poder de los Indios". El texto rezaba: "Preocupados estaban todos los amigos y admiradores del valeroso viajero, por su prisión en el campamento de Say-hueke (sic), el poderoso cacique de las manzanas. Se sabían que faltaban algunos de los indios prisioneros y por lo tanto se temía que se le quisiese hacer responsable con su vida de dicha falta. Pero anoche ha llegado un telegrama importante dirigido por el coronel Winter (sic) al comandante general de armas. En él se dice que acaba de llegar a Choele Choel el esplorador (sic) Moreno, embarcado en una balsa, después de cinco días de navegación y sufrimientos escapado del poder de los indios que le tenían en rehenes (sic). Parece que la invasión del comandante Ortega llevó la alarma a todas las tribus de la falda de los Andes, y que en el acto se pusieron en movimiento para defenderse. El señor Moreno se aprovechó de este momento de pánico para fugar, dando una nueva prueba de fe, serenidad y de valor". * El mismo día La Tribuna daba cuenta que Ramón Lista seguiría viaje al Chubut por la costa, trayecto hasta ahora no recorrido por los peligros y falta de agua. * Vale la pena aclarar algunos errores de La Tribuna respecto a la fuga del perito Moreno. En realidad la fuga en balsa duró 7 días y fue hasta la Confluencia (la nota induce a pensar que llegó a Choele Choel) según el telegrama del general Lorenzo Wintter quien recibió a Moreno en Fuerte Roca en la noche del 19 de febrero de 1880 (el perito galopó ese día desde Confluencia). La carta de Moreno a su padre es conocida por transcripciones de Aquiles Ygovone y de Carlos A. Bertomeu: y está despachada el día siguiente del telegrama de Wintter, pero desde Choele Choel. * El 30 de enero de 1903 trascendió que el coronel Ricciardi -que había combatido en la guerra anglo-boer sudafricana y fue uno de los gestores de la colonia que se establecía en Camarones, Chubut-, se proponía establecer una oficina en Buenos Aires. En la misma se proporcionaría información completa a los inmigrantes sudafricanos sobre las condiciones de entrega de tierras en nuestro país. También se elaboraría desde allí la propaganda destinada a las familias boers que quisieran establecerse --------------------------------------------- Mansel Gibbon en la banda del Cañadón Nació en el Chubut, pasaba por chileno pero era hijo de galeses. Se unió a esos vaqueros fracasados que pronto sucumbirían por impericia y que desde las serranías de Esquel estropearon a balazos una pierna de Fortunato Fernández, un puestero que vivió con muletas el resto de su vida. Era un argentino rebelde y audaz, tan joven y zaparrastroso como Billy de Kid, o El Niño, otro de los sobrenombres que también le destinaron a ese norteamericano tan desalineado como temible y de corta vida en los Estados Unidos. Pero en la Patagonia bandolera, este Mansel Gibbon, deslumbrado por las fechorías cercanas al ambiente cordillerano donde desarrolló su casi adolescente existencia, lo inspiraría a buscar un nombre de fantasía como correspondía a un verdadero fuera de la ley. En toda documentación, diarios de época, confesión de testigos, sumarios, y hasta en los relatos de algún descendiente (como Mansel Víctor Gibbon, un sobrino de aquél que entrevisté en Esquel en el invierno de 1979), Mansel Gibbon aparece vinculado a los episodios criminales que van de 1909 a 1911 en el lejano oeste del Chubut. Mansel estaba con sus compinches a los que subordinó en el que se llamó Cañadón de los Bandidos cuando una partida fue a buscarlos y se produjo un tiroteo que tuvo dos versiones contrapuestas. Una de ellas –que intenta explicar por qué una simple balacera contra bandidos escondidos en un cañadón terminó con un civil voluntario inútil para andar como Dios manda- sostiene que no fueron balazos disparados por los que se escondían en lo que hoy se conoce como el Cañadón de los Bandidos, lo que dio por tierra con Fortunato Fernández, un puestero de la Compañía de Tierras del Sud (inglesa) en la extensión de Leleque. Si esa fue la verdad del episodio suscitado a pocos kilómetros de Esquel cuando todos esperaban dar caza a los asesinos del ingeniero Lloyd Ap Iwan, gerente de la Cooperativa de Arroyo Pescado, entonces –como lo señalan otros testimonios-, se produjo por la torpeza de la misma partida que trató de apresarlos o por su mala intención. Sea como fuere el origen de los balazos que le arruinaron una pierna al reclutado por la partida, lo cierto es que la acción no sirvió para apresar a esa banda inútil (no sólo asaltaron la cooperativa cuando no había un peso en caja y sólo se llevaron algunas prendas, sino que cometieron un crimen torpe). Un familia en banda ¿Quiénes fueron esos bandidos que merodeaban por lugares donde cada error les podía resultar fatal? Se trataba de William Wilson y Emiliano Hood –que en sus últimos tiempos se hacía llamar Roberto Bob Evans- con el reclutado Mansel Gibbon, que como nativo hijo de galeses, que incluso había cumplido el servicio militar en Puerto Madryn. En Cholila, Mansel se había aficionado al airado estilo de los bandidos de ese valle cuando él era adolescente y le fascinaba el desparpajo de Butch Cassidy –que conocía por otro nombre, lo mismo que a su compinche Sundance Kid- como para tomarlos como paradigmas. Seguramente Mansel –uno de los hijos más jóvenes de la familia Gibbon- conocía muchos de los secretos de esos bandoleros de quienes ganó su confianza. Los bandidos de Cholila, a su vez contaban con la amistad y protección cómplice de Daniel Dan Gibbon, padre de Mansel. Por lo menos uno de sus dos compinches desde fines del año 1909 (Evans y Wilson) ya había frustrado un intento de asalto –en la tarde del 6 de febrero de 1908- de una agencia bancaria de la entonces incipiente Comodoro Rivadavia, y aún iban a fracasar –y pagar con sus vidas- en el otoño de 1911, tras el secuestro que consumaron atrapando al impredecible estanciero Lucio Ramos Otero. Acababan de encender la indignación de los pobladores de la cordillera porque matar a un tendero (Ap Iwan) bastaba para agenciarles una juramentada saga. Pero el tendero que habían baleado era un prestigioso ingeniero galés que ganó respeto a niveles ministeriales por haber actuado eficazmente en las comisiones de estudios limítrofes (un cerro de la cordillera austral lleva todavía su nombre). Es decir que habían lesionado el orgullo de los gubernamentales y también los de toda una colonia de tradiciones gregarias y religiosas. Mansel Gibbon tenía 22 ó 23 años y ya se hacía llamar Cameron Jack al tiempo del tiroteo en el Cañadón. Era apenas más joven cuando se le tomó la fotografía que ilustra esta página y que Lucio Ramos Otero incluyó en el tercer tomo de la edición privada donde relató –con detalles de lujo- el secuestro que padeció. En ese relato del estanciero, Mansel fue uno de los personajes mejor descriptos y sobre el que descargó buena parte del resentimiento que a don Lucio le generó la penuria vivida junto a su peón Quintanilla, el casual compañero de cautiverio. Una buena prueba de que fue así, es que el primer tomo de su relato se llamó "Son cosas de la vida, dijo Jake", título en relación al desparpajo demostrado por Mansel en los duros días del cautiverio. Primera versión Ramos Otero se ocupó de dar algunos datos de la foto. Señaló –con pésima sintaxis– que el personaje de la foto era "más o menos como estaba con barba cuando me tenía agarrado" y acotaba: "poca barba castaña, ojos chiquitos de pícaro. Se hace pasar por chileno. No es tan chueco como parece". Es posible que ese retrato haya sido tomado en Rawson por el fotógrafo Manuel Ayllón, que también fotografió a Mansel cuando hizo su servicio militar y posó de uniforme con su padre Dan y otro hermano. Esa otra foto que sí tiene el crédito de Ayllón, fue sacada el 7 de julio de 1908. El periodista Juan Carlos Alemán del diario Esquel, cuando evocó –el 14 de septiembre de 1975– el episodio del Cañadón de los Bandidos, precisó que el puestero Fortunato Fernández, enterado de la fuga de los criminales de Arroyo Pescado y habiendo detectado un fogón recién apagado en la senda que llevaba al cañadón, se ofreció como baqueano de una partida que encabezó el comisario Francisco Dreyer (el que iba a tener una dubitativa y hasta delictuosa complacencia en su actuación durante la investigación del secuestro a Ramos Otero). A Dreyer lo secundó el también cuestionado sargento Calatayud y un agente. Según el periodista Juan C. Alemán, el baqueano se adelantó demasiado en el sendero y los policías lo confundieron y le tiraron. Si fue así, robustecería otras pruebas que insinúan a la policía cordillerana de entonces como posible cómplice de los bandidos. El puestero habría sido encontrado recién al día siguiente por vecinos encabezados por el comisario Eduardo Humphreys que ofreció su casa donde el doctor Hugo Roggero realizó la amputación. Fortunato vivió con muletas y hasta volvió a andar a caballo. Otra versión de la famosa balacera la escuchó el teniente y subcomisario Jesús Blanco instructor de la mayor parte del sumario por la investigación del secuestro de Lucio Ramos Otero. Quedó escrita; es la más fidedigna y habrá que repasarla. Curiosidades Después de la tormenta de nieve y lluvias que asolaron la cordillera –del 20 al 25 de junio de 1922- y producido el informe del inspector educacional señor Gatica que estuvo en Loncopué, allá fue el corresponsal de La Prensa. Comprobó, según su telegrama del 30 de junio, que el edificio alquilado para la escuela 29 tiene viejos techos de junco y paja, llueve por todos lados y el director Armendia se ha cansado de reclamarle al propietario y al Consejo. El 1º de julio del mismo año los vecinos de San Martín de los Andes pidieron al gobierno neuquino el nombramiento de una comisión de turismo y la gestión para que se instale una municipalidad. Casi al mismo tiempo –2 de julio de 1922- los mismos vecinos del lago Lácar telegrafiaron a las autoridades por los atrasos del correo. Se había demorado una semana y la mitad de la correspondencia se varó en sacos que quedaron entre Zapala y Las Coloradas. Tampoco se tenía noticias de la correspondencia que debía llegar el 27 de junio. Simultáneamente, en Puerto Madryn, el vapor inglés Worhisorth descargaba 5.000 toneladas de material ferroviario para un decauville proyectado para unir ese puerto con la Colonia 16 de Octubre cercana a Esquel. Al mismo tiempo había llegado a Las Lajas un funcionario de los Ferrocarriles del Estado, el ingeniero Luis M. Ladola, quien se dirigía a Pino Hachado. El ingeniero era el jefe de estudios del ferrocarril que se intentaba construir desde Zapala a Chile. Esperaba formar una nueva comisión de estudios. El entusiasmo ferroviario contagió a la vez a los galeses de Gaiman donde hubo festejos –el 3 de julio de 1922- por la llegada de los materiales del decauville y por la noticia de la adquisición de la línea del Ferrocarril Central del Chubut. "Así se resuelve el problema que impedía el progreso de la región", celebraron en el brindis. El 4 de julio del mismo año 22 la policía de Bariloche cometió abusos que fueron denunciados a los diarios porteños y al cónsul italiano en Buenos Aires. Habían apaleado a tres antiguos vecinos italianos en momentos que se disponían a cenar y los llevaron presos sin motivo y sin apertura de causa. Se investigaba un crimen en Río Mayo y en Colonia Sarmiento, Chubut, el comisario Milton Roberts investigaba el sumario por el asesinato de Ramón Lianonen, además de los desmanes policiales encabezados por el comisario Edmundo Laborde. También tomó la denuncia del indio Lifipan a quien le robaron 900 ovejas.

Fuente: Francisco N. Juárez fnjuarez@interlink.com.ar - Diario de Rio Negro
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